
Joaquín Pérez Azaústre. Marruecos, octubre, 2011
El pueblo ruso empieza a levantarse. Cientos de miles de ciudadanos se manifestaron el sábado en Rusia y acaban de aprobar una resolución en la que exigen al Gobierno una convocatoria de nuevas elecciones, después de que Hillary Clinton, jefa de la diplomacia estadounidense, en el Consejo ministerial de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, afirmara que las recientes elecciones parlamentarias no fueron “ni libres, ni equitativas”. Los observadores de la OSCE informaron de varias “violaciones” de la legalidad, incluido el “relleno de urnas”.
¿Cómo se transita la memoria, con qué vigor de tiempo se mantiene en una pulcritud de las estampas? ¿Vivimos o soñamos el recuerdo? ¿Lo vamos escribiendo con nosotros? ¿Qué es la literatura, entonces, sino un regreso eterno a las palabras de la pura vivencia? Todas estas preguntas me vienen a raíz de la lectura de Los escenarios de la memoria, el maravilloso libro de Josep Maria Castellet sobre los años felices de la celebración, ese tiempo de vida, por parafrasear el título de la última novela de Marcos Giralt Torrente, en el que viven las horas más brillantes de una plenitud.
Una ciudad vive sus propias transiciones en la barra de un bar o en su última ruina sostenida en el tiempo. Somos nuestra ruina y también nuestros bares, memoria de otros días concentrados en una carta, familiar aún, lejanamente, por esas coincidencias del cuerpo y el espíritu. Bares de transición, noches de entrega: cuando el paisaje muta, cambia nuestro registro de los días pasados, pero también de cualquier punto de unión con nuestro futuro imaginable.
Juan Ramón Jiménez en barco a Nueva York, divisando el lenguaje bajo el mar apacible. ¿Cuál es la mirada del poeta? ¿Nada en el reverso de las cosas? Imagino ahora el trasiego de maletas y también el embarque, el primer paseo por la cubierta y esa sensación de acogimiento instantáneo al abrir la puerta de su camarote. Juan Ramón Jiménez se casó a los 35 años y escribió, durante el viaje de novios, Diario de un poeta reciencasado, uno de los libros más fundamentales de la poesía española, mucho más citado por su título que por una verdadera lectura de su intención poética. Si pudiera hablarse del lector de poesía como si existiera realmente, podríamos convenir que títulos como Campos de Castilla o el Romancero Gitano son siempre leídos; y, cuando no se leen, al menos, se conocen algo.